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¿Cómo puede un pigmento de pintura ayudarnos a mejorar el reciclaje?

¿Cómo puede un pigmento de pintura ayudarnos a mejorar el reciclaje?

¿Has oído hablar de la famosa

Noche estrellada de Van Gogh? O tal vez hayas oído hablar de Hokusai y su Gran Ola de Kanagawa, pero sea lo que sea, tienes que saber que más allá de ser cuadros un significado profundo, fueron pintados con el que quizá sea el tinte más especial de la historia.

Verás, el Azul de Prusia fue el primer pigmento de pintura creado en un laboratorio de química por Johann Jacob, quien se dio cuenta de que su descubrimiento había sido posible gracias a un lote contaminado de potasa, y aunque no fue creado a propósito, rápidamente se convirtió en un éxito porque hizo que la pintura azul fuera mucho más asequible.

De hecho, durante esa época era muy común utilizar pigmentos naturales para hacer pinturas, pero antes de la aparición del Azul de Prusia, los pintores tenían que recurrir a un pigmento derivado del lapislázuli que les resultaba demasiado caro.

Ahora bien, con la llegada del siglo XX, este pigmento fue sustituido en su mayor parte por otros pigmentos azules en las paletas de los artistas, pero eso no impidió que siguiera siendo popular, ya que ahora lo es en dos ámbitos muy diferentes: la medicina de urgencias y la limpieza de residuos nucleares.

Gracias a su capacidad para captar metales de su entorno, las pastillas Azul de Prusia se utilizan actualmente para tratar el envenenamiento por metales pesados. Según los expertos, el pigmento forma una estructura de red que puede atrapar iones metálicos individuales (como los del talio o el cesio radiactivo) e impedir que sean absorbidos por el organismo.

Esa misma capacidad lo convierte en una herramienta útil para la limpieza del medio ambiente. Por ejemplo, tras el accidente nuclear provocado en Fukushima por el tsunami de 2011, el famoso pigmento fue uno de los instrumentos utilizados para limpiar el cesio radiactivo del suelo de los alrededores.

Pero entonces, ¿qué más puede hacer el Azul de Prusia?

Bien, tras algunas investigaciones, los científicos japoneses compartieron cómo habían probado el componente para atrapar metales raros como el molibdeno y metales del grupo del platino en la tabla periódica (que incluye rutenio, rodio y paladio, entre otros). Y lo que es más, el profesor de ingeniería de la Universidad de Nagoya y líder del estudio de investigación, Jun Onoe, comentó lo sorprendido que estaba al comprobar que, tras el experimento, la estructura del pigmento seguía manteniendo intacta su forma de red característica.

Por eso, seguir aprendiendo sobre el Azul de Prusia puede ser realmente útil, porque así se sabrá si puede utilizarse potencialmente en más situaciones, como por ejemplo para atrapar y eliminar metales preciosos de los residuos nucleares y electrónicos, mejorando su reciclabilidad.

Por tanto, ahora reciclar productos como los teléfonos móviles será más fácil y

ecológico, ya que el pigmento facilitará la extracción y reutilización de metales raros y valiosos de sus piezas. En cualquier caso, sólo queda decir que después de tres décadas siguiendo los pasos del Azul de Prusia a través de las paletas hasta los kits de emergencia médica y las operaciones de limpieza nuclear, estamos definitivamente preparados para ver su debut en los centros de reciclaje.

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